En la semana previa a la fiesta de la Virgen del Carmen, el pasado, presente, y futuro de a Illa de Arousa convergen en “la seca”. En la bajamar de todas las mañanas, conocemos a Carmen y a Monica, dos generaciones de mariscadoras a pie. Sus añoranzas y alegrías se contrastan con el camino de Tania, la hija de Monica, y una de las ultimas jóvenes que han elegido el oficio. Cada cambio de marea revela la memoria de esta tradición matriarcal que continua en las que guardan la orilla.

Trailer próximamente

Donde no hay palabras que rimen  con "eu"

Publicado el 15 de marzo 2020

en la Ciudad de México.

País: Galicia, España

Dirección: Caitlin Cooper

Investigación: Caitlin Cooper

Producción: Caitlin Cooper, Xabier Saavedra

Fotografía: Daniel Rodriguez

Edición: Daniel Rodriguez, Gustavo Baeza

Rodaje: julio de 2019

Del escritorio de la directora:

Llegué a la costa de un nuevo paraíso, una costa que se cultiva, una costa fértil. Llegué a formarme en la area (arena), un cuerpo desconocido, entre muchos. Recuerdo mis primeras vueltas por la illa que retrataría, durante un febrero que florecía con toxos, pequeñas flores amarillas cuyo nombre tiene dos significados en gallego:

1 . Arbusto espinoso de la familia de las leguminosas... de las cuales hay varias especies en Galicia.

2. Persona tosca en el trato con los demás. Figurativo

Así es como la gente me describía ese mar, mar de mariscadoras. Toxas serían las mujeres que retrataría; me sería difícil conocer su mundo. Una de fóra, como muchas veces somos. Y es verdad. De España no era, del mar no soy; el Atlántico lo compartimos, pero siempre será más suyo que mío.

Quería conocerlas, pero, ¿quién era yo? Quería documentar la orilla como una joya ecológica, pero si jamás hablé de esa naturaleza en mi idioma nativo, menos era capaz de describirla en mi segundo idioma: el castellano. Para las mulleres mariscadoras hablar del oficio en inglés era algo incomprensible, pero en castellano nos encontramos en las mismas. Había demasiadas palabras que traducir y éstas se juntaron con las palabras del mar que en el idioma del interior ni existen. En este tercero, logramos relacionarnos.

Por falta de investigaciones traducidas, la mayoría de mi conocimiento previo lo había adquirido en gallego. Durante todo el año que viví en la región, me esforcé en escuchar la mayor cantidad de gallego que pude, y de alguna manera u otra, desarrollé el oído lo suficiente para poder adaptarme a los nuevos tonos de este idioma secreto. Nunca lo hablaré, pero desde el principio el gallego era mi idioma de contacto con ellas. El marisqueo para mí es algo que se puede entender por ser propiamente gallego, algo parecido a lo que hacemos al conocer los tangibles del mundo por primera vez. Podemos aprender lo que es un souvenir y desde entonces esa palabra se graba como nuestra. Habrá mariscadoras en varias partes del mundo, pero la mariscadora gallega tiene su propio idioma.

Al pisar su praia, pude entender porque me preguntaron si venía de la prensa; del Faro de Vigo, o de La Región. Los mismos que me advirtieron de esa "xente de mal xenio" no habían leído más allá de algunos reportajes publicados por medios locales. Los leían en su idioma. En cambio, yo venía como una página en blanco, una mujer del mar en entrenamiento. Me invité a un nuevo mundo, no solo al del marisqueo sino también al del oficio documental. Ésta fue la primera vez que alguien quiso retratar su historia fuera de lo local; para mí, esta era la primera vez que dirigía un retrato. De un lugar e idioma que sólo podía escuchar.

Con ellas aprendí de la lonxa, el rastro, el burato. No solo aprendí los significados de estas palabras dentro del mundo pesquero, sino que por primera vez aprendí las palabras para indicar tal tipo de mercado pesquero, tal herramienta, tal ollo en la arena. Aprendí de su mundo sin base ni referencia en ningún otro idioma. Su mundo se convirtió en algo tan familiar como el idioma que lo describe. Nuestro trabajo era, juntas, construir un aula en la cual ellas podían retomar la autoridad de enseñar la historia que radica entre idioma y oficio. Ellas escogieron las letras que hicieron que nuestros lenguajes rimaran. Yo, la documentalista, las ordené.

Al final del rodaje nos juntamos para celebrar a la Virgen de la isla: la Estrella de los Mares. Nos despedimos en plena fiesta, una escena que explotaba en cada esquina con los sonidos del pueblo. Un tipo de pueblo que está desapareciendo, de una gente que trabaja una orilla que desaparece, que da terreno a un idioma que muere. Están desapareciendo, juntos, uno arraigado al otro. Sin saber, me di la bella tarea de acercarme de la única manera que pude. De hacer las pausas entre frases que nunca se traducirán. Comenzar como si la única palabra que existiera para describir Illa de Arousa era la que me dijeran. Quizás a veces es mejor no hacer un reencuentro de verdades propias, quizás traducir el momento de no entender nos aleja de la única verdad. Quería estudiar la posibilidad de liberación a través de la palabra hablada, no a través de mi capacidad de liberarla del mundo de donde se origina. Y, además, quería liberarme de mis propios idiomas y preconcepciones en el proceso.

Nuestras maneras de relacionar la palabra con el mundo son tan distintas que a ratos se siente forzada. Ya sea por la interpretación que le damos o las tendencias de un mundo traducido, los que queremos documentar vivimos en la pregunta: ¿palabra de quién? El trabajo de observar es más interno de lo que pensamos.

Era una illa de Galicia. Y yo, la documentalista, venía a entender nada más que esa illa. Escuchar las palabras que fueran, grabar cómo rebotaban con el entorno y rebotaban entre ellas, rebotaban dentro de mí, sueltas sin ninguna pertenencia al propio diccionario. Venía a estar donde no hay palabras que rimen con eu.

Orilla se terminó en marzo de 2022

y pronto tendrá su estreno mundial.

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